martes, 6 de diciembre de 2011

Mi propio proceso de cambio

Lo que voy a contar en esta entrada no vendría a cuento si no hubiéramos visto un fragmento de la serie Seinfeld ayer en clase. Ese fragmento nos llevó a indagar sobre el proceso de cambio que una persona puede llegar a plantearse para más tarde experimentarlo y verificarlo. He encontrado lo que a continuación describo como una experiencia que guarda bastante relación con el caso de George Constanza y es ese el único motivo que me ha llevado a incluirlo en este blog. No penséis que he cambiado la temática del mismo para a partir de ahora empezar de hablar sobre mis propias experiencias.


Pues bien, os sitúo hace unos 9 años cuando estaba en plena adolescencia. Es entonces cuando empezamos, entre otras muchas cosas, a establecer relaciones sociales algunas de ellas mucho más cercanas concretamente con algún “conocido” o “amigo especial”. Lo que se conoce en un lenguaje típico de los adolescentes como empezar a “estar colado por alguien”. Para empezar, ese sentimiento nuevo ya produce un cambio en la forma de ver, de considerar, de hablar y en definitiva de relacionarse con ese “alguien”. Es ahí donde conozco a esa persona “especial” que te hace sentir esa cosa tan difícil de definir en el estómago. Al principio nuestra relación de conocidos, porque no nos unía ningún otro vínculo, era de lo más buena posible. Sin embargo, cuando empezamos a enfatizar más surgieron algunos problemas y es que yo por aquel entonces era una persona algo tímida y claro estando con un grupo amplio de personas pues la cosa no tenía mayor inconveniente pero encontrarme con una persona sola y encima que esa persona me despierte algún tipo de interés, era diferente. En esos momentos es cuando me volvía una persona prácticamente muda ya que las únicas palabras que era capaz de expresar era “bien y ¿tú?” cuando me preguntaba “¿Qué tal la semana?” o “a mi casa” si la pregunta era “¿dónde te llevo?”. Estas situaciones se repetían una y otra vez hasta que la otra persona dijo hasta aquí hemos llegado. Vamos que no estaba dispuesto a tener que sacarme las palabras a la fuerza. Claro cuando esa persona se iba yo misma me decía “claro si le hubiera seguido la conversación hubiera estado más tiempo con él” (lo que se puede denominar toma de conciencia inicial teniendo en cuenta las etiquetas que ayer propusimos en clase) Pero a la próxima vez, más de lo mismo.


Como he dicho antes el hecho de escribir este post viene determinado por la conexión que establece con el caso de George Constanza. Cuando yo hablaba con mis amigas sobre esto siempre mostraba una intención de cambio y además usaba argumentos muy similares a los que George usa en la serie. En esos casos decía: “si sigo con esa actitud todo me va a salir mal por eso la próxima vez me mostraré más abierta y hablaré mas”. Ahí era consciente de cuál era el problema pero ¿era tan fácil realizar el cambio que me proponía? Aquí surge otra coincidencia más con George porque yo también tuve refuerzos provenientes de mis amigas quienes me decían que hiciera lo contrario (“do the opposite”) y en lugar de responder únicamente a las preguntas que él me hiciera que fuera yo la que empezara preguntándole a él. La próxima vez que lo vi fui toda dispuesta a preguntarle sobre qué tal había pasado la semana y así intentar empezar una conversación con él (acción de cambio). Él mismo reconoció que estaba cambiada, “No sé pero te veo más habladora, no tan cortada como otras veces” afirmó. Sin embargo esta nueva actitud me duró los primeros cinco minutos y otra vez más tuvo que ser él quien me sacara las palabras. Pero a partir de ese momento la relación fue diferente porque aunque yo no hablara todo lo que le gustara (porque en realidad no se puede cambiar de la noche a la mañana, lo que decíamos ayer con el ejemplo de George Constanza) sí es verdad que era capaz de construir frases con más de tres palabras, acción que antes me resultaba casi imposible, y pude verificar que el cambio funcionó, hasta el punto que ahora esa misma persona, en ocasiones, me pide que no hable tanto.



En definitiva, no se puede hablar de un cambio inmediato porque cambiar el comportamiento u actitud que una persona adquiere a lo largo de los años no es una tarea fácil. Pero sí, se pueden conseguir efectos de acuerdo a ese cambio a través de todo un proceso, lo que se conoce como EL PROCESO DE CAMBIO. Por lo tanto, para unir este post con el mundo de la educación (que fue para lo que este blog nació) se puede añadir que un profesor tiene que ser consciente de esto último y saber que los alumnos, especialmente en secundaria y bachillerato, están empezando, desarrollando o terminando cambios propios de la etapa de la vida en la que se encuentran, la adolescencia. Por eso, no deben esperar respuestas y efectos inmediatos sino que deben respetarlo e incluso reforzarlo para que una vez terminado EL PROCESO DE CAMBIO, los propios sujetos sean capaces de verificar su resultado.

1 comentario:

  1. Hola Miriam

    Interesante anécdota. Realmente el cambio lleva tiempo. Además, como dice Kegan ante conflictos como el que mencionas, más que tratar de solucionarlos es mejor que ellos nos solucionen a nosotros. Me recordaste un protocolo de actuación con el que ha trabajado en los últimos años y que he aplicado y explorado en otras asignaturas. La clave, más que cambiar radica en comprender la situación en su complejidad. Puede que os suba una presentación que tengo al respecto. Por si queréis explorar por vuestra cuenta

    Un saludo

    Alejandro

    ResponderEliminar